Capítulo del libro: 7 PUERTAS DE LA FELICIDAD

COACHING Y PROGRAMACIÓN NEUROLINGÜÍSTICA

Vicens Olivé

Vicens Olivé nació en Barcelona en 1951. Como terapeuta humanista y terapeuta Gestalt, Vicens ha cimentado su legado como socio fundador del prestigioso Institut Gestalt de Barcelona, y es creador del programa formativo del Máster en Coaching con Programación Neurolingüística (PNL) en dicho centro.

Dicen que los mejores jugadores de fútbol americano son quarterbacks y él, sin duda, es nuestro quarterback del crecimiento personal. Visualizamos a Vicens en el centro del campo, su temple y discreción son la antesala de lo que está por venir. Atento a la defensa, pero también a su propio equipo, busca las mejores jugadas y el momento preciso para actuar. Cuando ese momento llega, Vicens lanza el balón con un pase limpio, asegurando que llegue a su destino sin problemas, ayudando a su equipo a avanzar. Pero su destreza no se limita a lanzar; cuando la situación lo demanda, no duda en precipitarse a la carrera con gran agilidad, derribando obstáculos con movimientos rápidos y precisos. Su equipo, sorprendido y aliviado, aprovecha la apertura para anotar un touchdown. Vicens voltea la cabeza hacia los suyos y les lanza un guiño travieso, recordándoles que este solo es el comienzo de una emocionante partida.

 

Así es él. Y es que Vicens posee una mente colmada de información bien dirigida, con una actitud astuta, enérgica y vital.

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Vicens es un maestro seductor que nos ha cautivado con su autenticidad, simpatía y sentido del humor. La entrevista con él es divertida, dinámica y despierta. Su enfoque práctico se entrelaza con una gran espontaneidad, creando un espacio donde la transformación personal se vuelve accesible y optimista.

Es un hombre innovador que ha explorado nuevos campos, desarrollando un enfoque que fusiona el coaching y la PNL. Su finalidad tiene mucho que ver con mejorar el rendimiento, facilitar el cambio positivo, y ayudar a las personas a alcanzar sus metas.

La PNL y el coaching nos brindan herramientas valiosas para fomentar el autoconocimiento, que es un recurso esencial para conectar con la felicidad, según nos explica Vicens Olivé durante esta entrevista. Para él, la felicidad es un estado de apertura arraigado en nuestro ser, que no necesita ser buscado, debemos simplemente permitir que emane.

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Entrevista a Vicens Olivé

Vicens, cuéntanos sobre ti.

Nací en Barcelona en 1951. Vengo de una familia humilde y trabajadora de la industria de Sabadell, ciudad cercana a Barcelona, en la que pasé mi infancia y adolescencia. Mi padre, Vicens, era tejedor de profesión y mi madre, María, trabajaba en lo que antes se decía «sus labores», si bien colaboraba en la economía familiar haciendo bonitos bordados para mantelerías y juegos de cama de las clientas, que denominaba «parroquianas». Fui hijo único, con un aborto previo. Mi infancia recuerdo que pasó entre la familia, la escuela, jugando con mis amigos y leyendo tebeos.

A los quince años, y a raíz de una tuberculosis pulmonar que me mantuvo apartado de la vida activa por bastante tiempo, empecé a interesarme por el naturismo, el yoga, la teosofía, la antroposofía, la psicología, el esoterismo, la espiritualidad y otros caminos de búsqueda interior.

Experimenté con diversas escuelas de meditación como el Zen, la meditación cristiana y el Budismo Tibetano. Me fue muy revelador conocer a J. Krishnamurti y sus enseñanzas, primero a través de sus libros y, posteriormente, asistiendo a sus charlas, tanto en Saanen (Suiza), como en Brockwood Park (Inglaterra), durante años, hasta su fallecimiento en 1986. Y, más adelante, el enfoque psicoespiritual con Claudio Naranjo.

He sido una persona inquieta, no sé cómo se puede describir eso, hay gente que le llama un buscador… No sé, no sé cuál es la palabra. Empecé desde el mundo de los vegetarianos-naturistas, pues a raíz de mi tuberculosis me hizo mucho bien reformar mis hábitos de salud, y desde ahí descubrí el

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mundo del yoga, el mundo hinduista, esotérico, la teosofía, la antroposofía… Siempre digo que comencé al revés, por arriba, por los mundos espirituales.

Después hice algún grupo de crecimiento personal, me gustó, y decidí aprender más «de eso», que en aquella época no sabía muy bien a dónde me llevaría, y formarme en psicología humanista, en el instituto Estel de Ramón Vilà. Ahí conocí la Gestalt de la mano de Eduardo de Grazia. Me gustó mucho, y también conocí a Joan Garriga, Mireia Darder, Xavi Coll, y otras muchas personas con las que he hecho un largo recorrido, tanto de amistad como de desarrollo personal y/o profesional. Con Joan y Mireia creamos el Institut Gestalt de Barcelona en 1986, el mismo año en el que nació mi única hija Aina.

Con el tiempo, nos lanzamos a ofrecer formación de Gestalt. También, por supuesto, imparto terapias gestálticas, super-visión, etc. Soy miembro didacta y formador de la Asociación Española de Terapia Gestalt.

Yo había leído un libro, La estructura de la magia, que habla de lingüística, y ahí empezó mi interés por la PNL. Desde el Institut Gestalt, hicimos venir a los formadores de Sudamérica, porque aquí no había nada, siendo los primeros en introducir la PNL en España. Hay un centro de Madrid que dice que fueron ellos los primeros, pero bueno, en fin, yo creo que fue en la misma época. Ellos conectaron con Argentina y nosotros con Chile y Brasil, son anécdotas de la historia, ahora ya no son relevantes.

¿Quiénes eran esos formadores de PNL de Chile y Brasil, y qué te aportaron?

Al principio Bibi Lam Frenk, de Chile, después también vino

Allan Santos de Brasil. También aprendí mucho con Robert

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Dilts, Richard Bandler, John Grinder, Stephan Gilligan y otros. Poco a poco, al irnos formando, también fuimos dando cursos de PNL, formaciones en empresas, y a la par empezó a entrar en el horizonte el coaching. Un colega me dejó un pequeño escrito del Colegio de Psicólogos sobre el coaching que me interesó. No sabía muy bien lo que era y, casualmente ―si es que hay casualidad―, una tal Cristina Naughton venía a España desde Argentina, a impartir unos cursos de coaching. Decidí participar en uno de ellos y me gustó la forma y el estilo. Vi que, aunque había algunos matices diferenciadores, era muy parecido a lo que hacíamos en Gestalt y en PNL. También hice mis aprendizajes, si bien no tan extensivos, en coaching ontológico, sistémico, coactivo y algún otro.

En todas estas formaciones he procurado seguir la filosofía de Séneca, que dice: «Mientras vivas, sigue aprendiendo a vivir». Para mí, es la orientación tanto de la PNL como del coaching. El tema es no ir de maestro, sino de eterno aprendiz, seguir aprendiendo constantemente de todo y de todas las cosas.

Me empezó a gustar el coaching, me di cuenta de que la PNL era una forma de coaching. Robert Dilts, uno de los creadores de la PNL, había desarrollado una línea de coaching con PNL y me sumé a ese carro. Hice la primera formación del máster en coaching con PNL donde invité a Cristina Naughton y gente de otras líneas, del coaching coactivo, del ontológico, etc. Es decir, invité a que todos esos grandes profesionales de los que yo había aprendido vinieran a enseñar sus metodologías y sus formas de trabajar. Y esa fue una primera edición del máster y ya vamos por la veintinueve este año 2024. ¡Todo un éxito!

Hoy en día, el coaching es una palabra muy de moda. ¿Puedes darnos una definición? ¿En qué consiste exactamente y qué tipos hay?

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Hay varias definiciones del coaching. Una de ellas, que me gusta, es la que dice que se ocupa de acompañar a personas valiosas de dónde están a dónde quieren ir. Matizo lo de valiosas, porque en coaching se trata de que cada persona pueda desarrollar su pleno potencial. Así se distingue un poco de la terapia, donde está toda la psicopatología y el diagnosticar/etiquetar a las personas. Hay una definición de coaching que dice que el coach es un incrementador de consciencia, más allá de la consecución de los objetivos. Otra cosa que lo distingue de la terapia es lo que Cristina Naughton denominaba la mirada luminosa, es decir mirar a la otra persona viéndole sus capacidades y recursos ―su luz― en vez de hacerlo desde sus carencias ―sus sombras―. Obviamente todos tenemos ambas cosas, pero es muy diferente el mirar desde una perspectiva o de la otra.

Fundamentalmente, las diversas líneas de coaching buscan lo mismo, si bien a través de sus diversos enfoques, como toda medicina, sea del tipo que sea, busca la curación del paciente. En coaching se pretende que la persona acceda a todo su potencial interior y lo ponga en práctica de modo ecológico, es decir, que cada persona encuentre su mejor forma de vivir en congruencia con sus necesidades persona-les, las relacionales, las profesionales y las espirituales.

Unos enfoques harán más hincapié en el cuerpo, otros en lo sistémico-espiritual, otros en la reinterpretación de las creencias limitadoras, otros proponiendo acciones nuevas y más creativas, otros actualizando los valores personales, etc.

Yo me he especializado básicamente en el coaching con PNL, que, repito, es el que me permite usar la gran cantidad de modelos y técnicas de la PNL al servicio del coaching. Partiendo de que uno de los pilares de la PNL es el modelaje y la implementación de aquello que funciona, el coaching es un campo abonado para aplicar tales metodologías de PNL.

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También soy especialista y formador en Coaching Wingwave®, que es una línea de coaching emocional, que está basado en la estimulación bilateral de los hemisferios cerebrales ―que son los movimientos REM que efectuamos cuando estamos dormidos, y que nos ayudan a asimilar las experiencias del día―. Esto se lleva a término de forma visual, auditiva y/o cinestésica. También con el uso del test bidigital u O’Ring, para que sea el cuerpo el que responda, teniendo a la PNL de fondo en muchas de sus intervenciones. Hasta donde yo sé es una de las metodologías de coaching que cuenta con más estudios científicos detrás que avalan sus buenos y perdurables resultados.

¿Y qué es la PNL? ¿Y en qué se diferencia del coaching?

En PNL se trabaja básicamente en tres ámbitos muy importantes:

 

    1. El autoconocimiento: irse conociendo poco a poco, entender cómo funciona nuestro mapa del mundo. Cómo creamos las creencias, cómo tomamos decisiones, qué pasa en nuestra caja negra, o sea, todo lo cognitivo, emocional y lo corporal. Es decir, en nuestro mapa del mundo, puesto que partimos de que las personas no vivimos la realidad directamente ―o territorio―, sino que la interpretamos constantemente. Como decía Rafael Echevarría, uno de los creadores del coaching ontológico: «Vivimos en mundos interpretativos». O, en lenguaje de PNL, el mapa no es el territorio.

 

    • Los aspectos de comunicación: todos nos comunicamos, ya desde el vientre de la madre con las pataditas o lo que sea. En la PNL se han investigado muchos modelos de comunicación, qué tipos de modelos funcionan más, menos, qué características debe tener una comunicación, tanto verbal como no verbal.

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Y también es muy importante la escucha. Entender el mensaje y la calibración de lo no verbal. Y, sobre todo, el Metamodelo del Lenguaje, que trata sobre cómo a través del lenguaje podemos hacer las preguntas adecuadas para obtener más información, porque siempre que hablamos, dejamos una parte de información en el tintero. Además, con la herramienta del Metamodelo del Lenguaje, podemos identificar las creencias limitadoras de la persona, y ofrecerle nuevas miradas que le faciliten la reinterpretación de una situación limitadora dada previamente con lo cual favorecemos la ampliación de su mapa del mundo y, por ende, favorecemos el cambio en nuestros clientes.

La comunicación se da a tres niveles: un tipo de comunicación es la de nosotros con nosotros mismos ―nuestro diálogo interno―. Esta comunicación es importante entenderla, saber de dónde viene, con qué tono de voz te hablas, escucharla. Luego está la comunicación interpersonal, un poco lo que estamos haciendo aquí, el tú a tú, o a pequeños grupos. Y la comunicación al grupo, por ejemplo, una conferencia, una sala de actos, una charla que la envías por internet, etc.

 

    • El cambio: esto es muy importante, porque la vida es cambio. No se puede no cambiar, nos dice la teoría del cambio. Lo que sí podemos, en la medida de lo posible, es orientar el cambio en la dirección adecuada, una dirección que sea ecológica, lo que quiere decir que sea equilibrada, sana. Saber gestionar nuestros cambios y los de nuestro entorno es un arte, es como saber navegar por diversos tipos de mares y de fenómenos atmosféricos.

Siempre digo que en la PNL he encontrado la variedad más rica para facilitar el cambio. Se puede hacer de forma lingüística, se puede hacer con anclajes, se puede hacer con submodalidades, se puede hacer con línea del tiempo… Se puede hacer de muchas maneras diferentes, y desde la PNL

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se han modelado muchas y diversas formas diferentes de facilitar los cambios en las personas.

Y aquí, cuidado, que hay muchas líneas de coaching que son aquellas de: o lo haces o lo haces. Yo he sido profesor de EGB en varias escuelas, y es como poner tareas, que los alumnos las hagan, y hacerles un seguimiento, más allá de si eso es congruente con la persona, si va bien con sus valores internos. No, en PNL cuidamos sobre todo que los objetivos y los cambios de la persona tengan que ver con su propia ideología interna, que estén acordes con sus propios valores.

En PNL buscaremos el desarrollo de una actitud que nos haga mejores personas, y de ahí mejores profesionales de acompañamiento de las personas en sus cambios. Valores como el respeto, la aceptación, el no saber curioso ―que decía Milton Erickson―, la congruencia personal, la escucha desde el no-juicio, la intuición, el aprendizaje constante, etc., son aspectos que procuramos potenciar en las personas que se acercan a formarse en esta metodología.

¿La diferencia de la PNL con el Coaching? John Grinder, uno de los fundadores de la PNL, junto con Richard Bandler, define el coaching con una frase muy bonita que dice: «El coaching es la PNL en acción». ¿Qué quiere decir eso? Es aplicar las diversas metodologías de autoconocimiento, comunicación y cambio que nos ofrece la PNL, y ponerlas al servicio de los procesos de coaching. Es decir, no hay diferencia significativa, pues son dos enfoques totalmente hermanados.

Por lo que dices, pones la metodología de la PNL al servicio del coaching, ¿por qué? ¿Qué beneficios hay al combi-nar estas dos metodologías?

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Yo mezclo un poco todo lo que sé: Gestalt, PNL, coaching, espiritualidad, etc. Nuestra formación es muy humanista, puesto que nos basamos en esa línea psicológica. En eso se diferencia de otras PNL y otros tipos de coaching. Consideramos que no podemos acompañar a alguien a un lugar que de alguna manera nosotros no hayamos visitado a nivel emocional profundo.

Has hablado de diferentes técnicas como los anclajes, ¿puedes explicarnos en qué consisten?

Sí, imagínate a alguien que tiene que dar una conferencia, y le da miedo cuando piensa en ella, presiente que con tanta gente no lo hará bien, que no sabrá qué hacer, teme quedarse sin voz, bloqueado… Esto quiere decir que la persona ya está anclada, anclada a una experiencia aprendida años atrás, de la cual posiblemente no es ya consciente en la actualidad. El ancla es como una asociación neurológica, un circuito neurológico donde, si yo anticipo la charla, me viene miedo. ¿Qué quiere decir?, que ya estoy anclado con el miedo. Entonces paramos aquí, y yo le pregunto: «A ver, en vez de miedo, ¿qué te gustaría sentir?», a lo que me contesta: «Ah, pues me gustaría sentir confianza», por ejemplo. «Muy bien, pues cierra los ojos y evoca un momento que sintieras confianza, cualquier lugar». Y la persona me responde con algún momento como: «Pues cuando estaba ahí tranquilo, tomando el sol». Entonces le pregunto dónde nota esa confianza y él responde: «Aquí», mientras se palpa el pecho. «Bueno, pues ponte la mano aquí, en el pecho, como anclándotela tú mismo. Y ahora imagina que con esta confianza estás en la charla». Se trata de sustituir el enlace charla-miedo por el enlace charla-confianza.

Habitualmente, con un recurso no es suficiente, porque puede ser que el miedo tenga unas raíces antiguas, pero entonces hacemos lo que llamamos una pila de anclas. Para

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hacerlo, puedo preguntar: «¿Qué más te iría bien para estar en la charla?» Imaginemos que responde: «Serenidad». Pues lo mismo, le digo: «Busca un momento en el que te hayas sentido con serenidad, donde sea». Porque la serenidad ya la tenemos, ¿me entendéis? No se trata de dar a la charla el poder para que me quite la serenidad, las personas dejamos el poder fuera y, no, la charla no tiene ningún poder. Soy yo que me creo la escena desde mi mapa del mundo y, desde ahí, yo mismo me construyo el miedo. Pues puestos a montarme la película de forma limitadora, la puedo generar desde un estado de recursos, con confianza, con serenidad, y con un recurso que prácticamente siempre va bien, que es el sentido del humor.

Hay recursos también de PNL para enseñar a hablar a la gen-te en grupo, y siempre explico que, por lo menos, procuren que la audiencia se ría tres o cuatro veces, por serio que sea el tema, aunque estés hablando de física cuántica, haz reír a la gente. Las personas tenemos un corazoncito y de vez en cuando tienen que reírse, que eso relaja, que eso desestresa. Así que un anclaje es desanclar, desaprender un aprendizaje limitador y reaprender un aprendizaje potenciador.

En la Gestalt se hace con el role playing, en teatro terapéutico lo hacen con teatro, en las constelaciones, constelando, etc. Es igual, son varias formas, pero la idea es ir al mismo sitio: soy yo el que tiene esas emociones y esos valores, y nadie tiene el poder de quitármelas. Soy yo mismo, con mis propias ideas, que me hago el montaje y me desenergetizo y me desempodero. Pues se trata de darle la vuelta a mis aprendizajes anteriores. Curiosamente, muchos de los miedos de hablar en público tienen su origen en nuestros años escolares, donde vivimos muchas experiencias frente a un grupo, y no siempre fueron del todo agradables.

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También has hablado de la línea del tiempo, cuéntanos en qué consiste.

La línea del tiempo es una muy buena metodología de PNL, y está basada en la hipnosis tradicional y en la PNL más actual. Hemos hecho un trabajo muy profundo con la línea del tiempo para actualizar esta metodología. El último libro que he escrito habla de esto.

Es una metodología muy rica, porque podemos viajar hacia delante o hacia atrás, siempre sabiendo que estamos en el presente. Por lo tanto, podemos trabajar generando futuros y nuevos recursos. Y también podemos revisar el pasado, de alguna manera yendo al origen de donde surgió la dificultad para reestructurar los antiguos aprendizajes, actualizándolos a nuestra realidad actual. Fuera la experiencia que fuera, hoy tenemos muchos más recursos y aprendizajes que cuando ocurrió, por lo que, al revivir nuestras limitaciones antiguas con las nuevas miradas actuales, podemos redefinir y reinterpretar nuestro pasado, en aras de que nos resulte potenciador, donde antes era limitador.

Por ejemplo, una vivencia limitadora sería pensar: «Es imposible que yo sea feliz». Nadie nace con una etiqueta de que es imposible que yo sea feliz, esto se aprende. ¿Dónde? Con la familia, en la escuela, relacionándome con personas infelices, etc. Se aprende de pequeño. Entonces, lo que hacemos es una regresión en la imaginación, recorriendo escenas donde uno ha tenido esa creencia, junto con la emoción que ha sentido, hasta llegar al lugar donde se originó, lo que llamamos la impronta. Y ahí se hace una reparación.

¿Y qué es una reparación? Es ir a la sombra a la que le faltó la luz, y ponerle luz, metafóricamente, dotar de nuevos recursos a la persona. Las improntas más fuertes, y esto lo decía Bert Hellinger, el creador de las constelaciones

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familiares, son las heridas de amor. Hay heridas de amor, de abandono y de lo que sea, ¿no? Entonces hay que buscar las fuentes de amor de aquella situación para poder repararlas. El dolor más profundo se repara con el amor. Curiosamente, los mismos entornos sistémicos en los que anclamos el dolor son fuentes de amor, si sabemos buscar las fuentes de este.

En la línea del tiempo también podemos seguir profundizando para atrás, e ir a lo que llamo la esencia, yendo incluso, de forma imaginativa, antes de la concepción, antes de que el óvulo y el espermatozoide se juntaran. Y ver, desde ahí, qué experiencia hay. He recogido un montón de experiencias durante muchos años y las personas ahí viven lo que son los estados esenciales del ser. Estos, llevados a nuestro día a día, son una gran fuente de reparación de nuestra biografía emocional. Y uno se da cuenta de que la lleva puesta desde siempre. Está en nuestro origen, en nuestra parte más profunda, en nuestro corazón, en nuestra alma, en nuestro ser interior… Llámale como quieras, son metáforas. Y esa fuente de amor, o esa fuente de potencialidad, puede sanar cualquier impronta antigua y actual, por dolorosa que sea. El contacto con la esencia más profunda sana todos los dolores y traumas.

¿Cómo entiendes la felicidad en el marco del coaching y la PNL?

Creo que la felicidad está en la base, en el corazón de las personas. Es decir, algo así como que somos felices por naturaleza. Esa es mi idea.

¿Y en qué me baso? Bueno, en que, si miramos las criaturas desde que nacen, hasta los pocos años, si tienen un contexto normal, sin que sea nada especial ―cuidados, atención, cariño, buena alimentación y descanso―, los niños son felices, están contentos, juegan con cualquier cosa. La

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felicidad es innata. Si nos fijamos en los pueblos naturales que no tienen mucha cosa y que no han sido muy culturalizados, básicamente están felices con lo que tienen y con lo que son. Una vez se hizo una investigación con diferentes culturas, de todos los tipos y condiciones, desde las más humildes hasta las más sofisticadas, y el resultado fue que solo se necesitan dos cosas para ser felices:

 

    1. Tener el mínimo básico para alimentarse y cobijarse.

 

    • Vivir unas relaciones con personas significativas, que no tenían que ser muchas, pero eso sí, con buen intercambio de cariño y afecto.

También otro estudio sobre la felicidad, este efectuado por Robert Waldinger, profesor de psiquiatría de la Universidad de Harvard y maestro Zen, nos confirma lo importante de tener buenas relaciones sociales. Y recuerda que nunca es tarde para «energizar» esas relaciones o construir conexiones nuevas.

¿Qué quiere decir la felicidad? Para mí la felicidad tiene que ver con la congruencia entre lo que vives y lo que quieres vivir. Me explico, si uno tiene mucha exigencia, mucho «debería», mucho «tengo que», va a condicionar su felicidad a la consecución de determinadas metas, deseos, o sueños. Está bien tener algunos objetivos y algunos «tengo que», pero cuidado, que en nuestra cultura podemos abusar de estos mandatos internos, debido a que en la base de la educación que hemos recibido está el ir pidiéndonos siempre más y más; es como ir con la zanahoria por delante y no disfrutar del camino. He sido maestro de escuela primaria y lo puedo asegurar: constantemente se van aportando más y más contenidos nuevos a los alumnos. ¡Y qué poco se disfruta y celebra lo que ya se sabe!

Para mí la felicidad es algo así como la armonía de vivir con lo que sí hay, con lo que sí tienes, con lo que sí eres.

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Como no querer ser algo diferente de lo que eres. Y aquí también, cuidado, que hay líneas de coaching, sobre todo estas que vienen de según qué países norteamericanos, que dicen aquello del hombre hecho a sí mismo, y que tú puedes conseguirlo todo. Podemos caer en la trampa de creer que la felicidad aparece cuando lo consigues todo, pues tienes las mismas posibilidades que cualquier ser humano y no, no todos podemos ser un Einstein, un Picasso, un presidente de gobierno… Pero sí podemos ser quién realmente somos y, desde ahí, desarrollar todo nuestro potencial.

Hay un pequeño cuento, que lo encontré en un libro de Osho ―Take It Easy: Talks on Zen Buddhism―, que ejemplifica lo que estoy compartiendo, que dice así:

Escuché que:

Hace mucho, mucho tiempo, en un lejano país, había un rey enamorado de la vida y, sobre todo, enamorado de su jardín. No era un jardín real cualquiera, era un gran y hermoso vergel, donde se podían encontrar todo tipo de plantas, de los más diversos países y climas. Había decenas de jardineros cuidándolo constantemente. Él lo paseaba y paseaba cada vez que sus obligaciones reales se lo permitían, disfrutando de las vistas de las flores más hermosas, deleitándose con el perfume de las más bellas flores. El rey estaba muy contento y satisfecho con su jardín. Era regalo obligado, cuando algún otro monarca lo visitaba, el regalarle una nueva flor. Asimismo, ningún visitante marchaba del reino sin llevarse de

regalo alguna de las más bellas y aromáticas flores.

Un día, el rey entró en su precioso jardín y encontró que los árboles, arbustos y flores estaban marchitándose y muriendo. El roble dijo que estaba muriéndose porque no podía ser tan alto como el pino. Volviéndose al pino, el rey lo encontró cayéndose porque no podía tener uvas como la

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vid. Y la vid se estaba muriendo porque no podía florecer como el rosal. Después encontró una planta de pensamientos, floreciente y tan fresca como siempre.

Habiéndole preguntado qué le sucedía, el rey recibió esta respuesta: «Yo di por sentado que cuando me plantaste querías pensamientos. Si hubieras querido un roble, una vid, o un rosal, los hubieras plantado. Entonces pensé: “Dado que no puedo ser ninguna otra cosa salvo lo que soy, trataré de serlo lo mejor que pueda»”.

Estás aquí porque la existencia te necesita tal y como eres. Si no fuera así, habría otra persona en tu lugar. Estás llenando un espacio muy esencial, muy fundamental, tal como eres.

¿Por qué convertirse en Buda? Si Dios hubiera querido otro Buda, podría haber creado tantos como hubiera querido. Hizo un solo Buda y fue suficiente. Desde entonces, no ha creado ningún otro Buda, ni ningún otro Cristo, ni ningún otro Krishna. Te ha creado a ti. ¡Piensa el respeto que el universo te ha demostrado! Tú has sido elegido: ni Buda, ni Cristo, ni Krishna.

Ellos ya hicieron su trabajo, ya contribuyeron con su perfume a la existencia. Ahora tú estás aquí para contribuir con el tuyo. Mírate. Solo puedes ser tú mismo. No existe ninguna posibilidad de que puedas ser otro. Puedes disfrutar y florecer tal como eres, o puedes marchitarte si te condenas.

La felicidad está en el camino, en el hoy, en el ahora, en el aquí, y muchas veces, como nos recuerda la historia de Osho, en la aceptación real de lo que sí es. Claro que también caminamos y vamos en alguna dirección, eso nos puede ordenar la vida, y también darle un sentido, el tener un norte, una visión y misión, pero nunca que el futuro esté primero, que esté aquí

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y ahora existencial. Si tenemos clara esa dirección, está bien, y si no, al menos, saber fluir con los acontecimientos de la vida.

En coaching con PNL somos muy flexibles en eso. Hay líneas de coaching que, si no tienes objetivos, no trabajan contigo, nosotros pensamos que alguien puede no tenerlos una temporada y no pasa nada. Pero el «aquí y ahora» sigue existiendo, y todo transcurre en este aquí y ahora, y la felicidad también se da en este aquí y ahora. La felicidad, el amor, la paz interior, y tantas cosas se dan en este aquí y ahora. Lo que pasa es que, a veces, por ciertas actividades, o por un mundo de estrés, o por querer hacer muchas cosas, se nos escapa este estar feliz.

Siempre hay días de todo, porque uno tiene sus movidas, pero acordaros de lo que dice la Gestalt: presencia, conciencia y responsabilidad, responsabilidad de la respuesta. Y en la PNL precisamente uno de los trabajos es ese, cómo responder de forma diferente a una situación en la que antes respondías de forma desagradable. Por ejemplo, los anclajes de los que hemos hablado antes tratan sobre cómo cambiar la respuesta. Por ejemplo, hace poco hice una sesión con un cliente, y este, frente a una persona a la que le faltaban recursos, se sentía inhibido y estresado. Buscamos qué recursos podía necesitar para manejar esa situación de otra manera. Y trabajamos con el procedimiento de anclajes, que es un trabajo muy sencillo, y sirve para empoderarte y, desde ahí, afrontar el tema desde una nueva perspectiva. En este caso era con su socio, pero puede ser la pareja, puede ser un hijo, puede ser el mundo, puede ser cualquier cosa. Hablamos del poder personal. El poder personal es esa capacidad de poder estar en contacto con nuestros valores más internos, y jugarlos. Y claro, la felicidad es uno de los valores más importantes.

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La felicidad está dentro. Si cerramos los ojos, nos relajamos un poco, y buscamos un momento de felicidad, ¡pam!, enseguida te viene, si buscas otro y otro, te vienen muchísimos momentos de felicidad.

En definitiva, ¿qué es entonces la felicidad?

La felicidad es un aspecto de apertura, es un aspecto que no tensa, no cohíbe, sino que se abre al momento, a lo nuevo que está pasando, con confianza en el proceso del vivir. Permite expresar un estado de ánimo positivo, abierto y frecuentemente contagioso, porque a las personas felices se les ve en los ojos. La sonrisa puede ser falsa, uno puede hacer una sonrisa para quedar bien, pero la mirada no engaña. Si tú quieres ver la emoción, mira a los ojos de la persona. Las personas felices no tienen que decir que lo son, se les nota en su expresión, vuelvo aquí a recordar que observemos a los niños y niñas jugando. Yo jugué mucho en toda mi infancia, y ahora me siento muy feliz al recordarlo.

La felicidad es un estado natural de bienestar donde uno está en congruencia, fluyendo con las circunstancias. Y si tú dejas que alguna situación te quite la felicidad, es porque, en tu mapa de creencias, crees que las cosas tienen que ser de otra manera. Y aquí viene algo muy importante, si ves que la felicidad es algo que te falta, ¿qué puedes hacer para ir en dirección a eso?

Por ejemplo, estáis haciendo un libro que, cuando lo tengáis en la mano, os hará felices, pero no será el libro en sí, será la idea de que al fin lo habéis conseguido. Es decir, ya estoy en paz, estoy en armonía con lo que quería tener. La felicidad la vais a poner vosotras, no es el libro. Porque si el origen de la felicidad fuera el libro, siempre teniendo el libro ahí, seríamos muy felices. Pero no son los objetos el origen de la felicidad, son las personas, lo que pasa es que le damos el

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poder a los objetos y ahí perdemos la fuente de la felicidad, que es interna, repito, no externa.

Y claro que cuando tengáis el libro será un momento muy importante, porque habréis conseguido lo que queríais, y en ese momento hay congruencia, ese es un momento de satisfacción, de plenitud. Pondré varias palabras que giran alrededor de la felicidad, ¿de acuerdo? En ese momento de armonía, yo soy feliz de tener el libro, pero, repito, cuida-do con confundir lo que es el libro. Esa felicidad es que yo ya estoy en armonía conmigo mismo, y de ahí soy feliz, por eso es importante que la felicidad no esté al final. Claro que al final podéis hacer una fiesta, una celebración ―y espero que la hagáis― con el libro en la mano, pero mientras tanto, ahora mismo, estáis haciendo esta entrevista conmigo, pues un pequeño hito con otra persona. Por eso decía que no hay que esperar al final, porque es el camino lo más importante.

¿Entonces, la felicidad son momentos concretos que vienen y van? ¿O es algo que se puede sostener en el tiempo?

Depende del conocimiento de la persona, es decir, si te conoces en profundidad, no es que la sostengas, es que eres felicidad.

No hay que ir muy lejos. Mirad a los niños, si a los pobres niños no les complicamos la vida con según qué tipo de educación limitadora de sus potencialidades ―eso no quiere decir que haya que ponerles límites sanos―, básicamente están bien, están contentos, fluyen. Hombre, a veces se pelean, lloran, tienen sus pataletas, normal, ¿no? Pero básicamente están contentos. Cuando ves a un bebé durmiendo, es que está en la gloria. Una vez le oí decir a un maestro Zen que un bebé es un pequeño Buda.

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También es importante saber discriminar el grano de la paja. Porque me acuerdo una vez que me vino una persona a hacer terapia… Cuarenta años tenía, estaba amargado. Y por eso venía. Decía: «He hecho mucho dinero, he viajado todo lo que he querido, he estado con las mujeres más guapas que te puedes imaginar, he hecho todo lo que quería, pero no soy feliz». ¿Y por qué no era feliz? Porque lo había puesto todo fuera. En el dinero, en el viaje, en la aventura amorosa sin compromiso… Y si lo vamos poniendo fuera, lo vamos a perder. Hay cosas que nos ayudan, como llegar a casa y que nuestra pareja nos haya hecho una fiesta de cumpleaños, o nos tenga una buena cena preparada, y estas cosas son siempre de agradecer, pero tengamos en cuenta el ser responsables del cómo nos tomamos las cosas, pues eso sí depende de nosotros totalmente.

Y cuando hay factores externos adversos, por ejemplo, que la persona no tiene trabajo ni dinero para llegar a fin

de mes, ¿cómo puede ser feliz esta persona?

Sí, pero mira que pregunta te voy a hacer: ¿Todas las personas que no llegan a fin de mes son desgraciadas? ¿Verdad que encontraríamos a alguien que lo sabe vivir de otra manera? ¿Cómo lo hacen esas personas que lo saben hacer de otra manera? Porque si nos quedamos con la idea de que si no hay trabajo soy desgraciado… Cuidado, como soy desgraciado, estoy triste, y desde la tristeza, desde este «no valgo», me será más difícil encontrar trabajo. Es un pez que se muerde la cola. No nos interesa este círculo neurótico. Yo he conocido a gente que tiene muy poco y que son muy felices, están contentos, con lo que tienen están bien. Y claro que, si tienen, mejor, a nadie le amarga un dulce, ¿no? Pero cuidado con caer en estereotipos. Tagore decía: «Leemos mal el mundo y creemos que nos engaña». ¡Gran verdad! Puesto que pocas veces nos cuestionamos si nuestra lectura de la realidad es la más acertada para una determinada situación,

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o hay otras que nos podrían resultar más beneficiosas. He conocido a personas que agradecen el cáncer que tuvieron, por lo mucho que les enseñó y les hizo cambiar. El otro día un amigo me contó de un adolescente que perdió parte de sus dedos en una explosión de un petardo en su mano, y el comentario de su padre fue: «Podría haber sido peor».

Recordemos el famoso refrán popular que dice: «Nada es verdad ni nada es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira». Para ahondar en esta idea, nos bastará con autopreguntarnos si todas las personas vivirían lo mismo que nosotros en la misma situación, y si encontramos otras miradas más abarcativas, quizás nos puedan servir de modelos para aprender a manejar determinadas situaciones.

¿Quieres decir que, desde un trabajo personal, desde una actitud determinada, podemos ser felices, a pesar de las dificultades externas?

Creo que cultivar nuestro propio autoconocimiento nos puede ser de gran ayuda para poder discernir entre la influencia del exterior y nuestras respuestas interiores. Este fin de semana he estado con un músico que ha tocado muchísimas veces en las Ramblas de Barcelona, se juntaron varios, y él está encantado de ir a tocar a las Ramblas. Tú, si lo ves, podrías pensar: «Pobre hombre, ahí tocando música, en la calle…» ¡No!, el hombre está contento, le gusta ir a las Ramblas a tocar música. Hay que ir con cuidado con las proyecciones, con poner nuestro pequeño mapa del mundo en otras circunstancias, eso sí que puede eliminar mucha felicidad.

Por eso, en PNL lo esencial es buscar modelos de éxito. ¿Qué quiere decir éxito? Modelos que nos indiquen algo diferente de lo que es lo estándar o lo común. Modelos que nos ayuden a vivir mejor con nosotros. Tengo un amigo penelero que tuvo un grave problema en el hígado, fue a ver a un médico y

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este le dijo: «Uy, esto es una hepatitis C, y aquí se salva poca gente». A lo que mi amigo le dijo: «Yo no quiero un médico que mire a los que se mueren, yo quiero un médico que me diga los que sí viven, y los que se salvan qué hacen para salvarse». La medicina es un tema con el que hay que tener cuidado, porque tenemos estadísticas de los que se mueren, pero no tenemos estadísticas de los que se sanan ―o al menos yo no las conozco―, ¿y no es mucho más interesante tener estadísticas de éxito que de fracaso?

Por eso la importancia de dónde ponemos el foco. Claro, si confiamos en las estadísticas de los que se mueren, de las patologías, del cáncer, del corazón, de la carretera…, sí, claro, es deprimente. Pero ¿cuánta gente ha superado un cáncer, un infarto y/o ha regresado a casa sin ningún accidente?, entonces… ¿qué nos impide tomar esos modelos de éxito en nuestra vida diaria?

¿Qué es lo que no nos deja ser felices y cómo podemos superar estas barreras?

Aparte de circunstancias externas muy fuertes como las guerras, hambrunas, vejaciones en contra de los derechos humanos, y otras lacras de nuestra sociedad, en circunstancias ―digamos― de vida normal, sería no dar el poder de quitarnos la felicidad a las cosas externas, sino buscar en nuestro interior los recursos ―que siempre los hay― para manejarnos con lo que la vida nos presenta. Para ello, es más conveniente hacerlo desde espacios de tranquilidad y de paz interior, que desde el estrés. De aquí viene aquello famoso de «consultarlo con la almohada». También, a veces, solo con que hagamos un pequeño centramiento, una pequeña relajación, unas cuantas respiraciones profundas, que desconectemos, meditemos, que nos relajemos, que nos desestresemos, ya empezamos a sentirnos mejor.

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Si uno se pilla con que no ha sido feliz en todo el día, bueno, pues no pasa nada. ¿Qué aprendes de esto? Para mí la importancia de la PNL y del coaching es que siempre estás aprendiendo. El pasado es el pasado, ¿qué puedes aprender de esto que pasó ayer para hoy y para mañana?

Y tampoco poner la felicidad como un ideal inalcanzable, la felicidad a veces son cosas cotidianas: tomar un café, una charla, saludar a alguien, acariciar al gato, mirar las nubes, tomar el sol, leer una hoja de un libro, ver a alguien que te guste… Sabemos que la mayor felicidad está en los pequeños detalles, y de estos está lleno el día a día. Aprendamos a saborearlos.

¿Y es posible entrenar la felicidad?

No es que tengamos que entrenar, solo hay que dejarla salir. Está, igual que está el corazón latiendo, igual que está tu capacidad amorosa, tu capacidad de libertad. Las personas tenemos una serie de valores personales muy ricos: la paz interior, la serenidad, la confianza, la plenitud, la solidaridad, el bienestar, y la felicidad también. Si hacemos un trabajo de anclajes, por ejemplo, y evocamos un momento de felicidad, es un momento que ya tenemos de felicidad, es decir, no tengo que buscarlo en el exterior.

Puedes hacer algún ejercicio de autoanclaje, por ejemplo, como lo que llamamos en la PNL, de ir recordándote; antes de desayunar ―o después, que igual uno está más tranquilo después de desayunar―, darte un momento de anclaje. Y aquí sí sirve el autocoaching, tiene que ver con hacerse autopreguntas. Por ejemplo, uno podría preguntarse a sí mismo: «¿Cómo puedo ser más feliz en el trabajo?», y dejar que la pregunta haga su efecto. Y si en vez de trabajo, que es muy genérico, concretamos más, mejor: «¿cómo puedo ser más feliz cuando conteste los emails?», «¿cómo puedo ser

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más feliz en la reunión que tendré el jueves?», «¿cómo puedo ser más feliz en el camino de ir y de volver del trabajo?» E, incluso, «¿qué tengo que soltar para ser más feliz?» Esto va poniendo día a día la atención en ir aumentando la felicidad. Por supuesto que es básico poder reconocer y valorar los momentos ―más o menos largos― de felicidad, no sea que buscándola se nos escape por la esquina.

Si no, ¿qué pasa?, que podemos caer en la rutina de: «voy al trabajo, otra vez, los nenes, la reunión, bla, bla, bla…», todo ese rollo que tenemos dentro, que no nos ayuda. En cambio, si tomamos un poco de conciencia y decimos: «Pero a ver, ¿a mí me gusta esto?, o ¿me gustaría estar más feliz? Si quiero estar más feliz, ¿de qué manera podría estarlo?» Esta pregunta debería ser un ejercicio obligatorio. ¿Cómo puedo ser más feliz conmigo mismo? Y cuanto más concreto sea, mejor. Por ejemplo, en la reunión, cuando hables con tal persona, con el proveedor, con el jefe, con el vendedor, con la secretaria, ¿cómo puedes ser más feliz?, y dejar que tu inconsciente te vaya dando opciones. La ventaja es que focalizas tu mapa hacia la felicidad. Es como una especie de mantra que tiene ese efecto de focalizar y, a la vez, ir abriendo el mapa en esa dirección.

Hay una pregunta muy sencilla, que es: ¿de qué manera puedo hacer feliz al otro? Fíjate, porque es más fácil, a veces, ver cómo puedo hacer feliz a la otra persona. «¡Ah!, pues hoy le traeré el café a la mesa, yo qué sé, o ayer le llevé un pastelito a la persona que no se lo esperaba ¿no?, un detallito». Es decir, ¿cómo puedo hacer más feliz a la otra persona, a mi mujer, a mi marido, a mi hijo, sobre todo, porque los hijos a veces pagan las neuras de los adultos… Si cuidas de la felicidad ajena, sin duda te volverá a ti. Hay una frase que me gusta que dice: «Si lo que recibes de la vida no te gusta, pon atención a lo que estás dando».

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Cuéntanos algún otro ejercicio que podamos hacer para trabajar en esta dirección.

Un trabajo interesante de PNL se llama revisión de cintas. Es muy sencillito. Voy a poner un ejemplo con la felicidad, pero podéis hacerlo con cualquier otro tema. Antes de ir a dormir, repasas: «A ver, ¿dónde me ha faltado felicidad hoy? Pues cuando estaba en el tráfico, con aquel atasco me he estresado», por ejemplo. Entonces tú revives la película de cuando estabas ahí; que pitabas, que el tráfico no corría, te ponías tenso, estresado… etc. Breve, no lo hagas muy largo, sino vas a entrar otra vez a reproducir el mal rollo. Te pasas la película como la recuerdas, después te preguntas:

«¿Cómo habría sido si ahí le hubiese puesto felicidad?» Entonces vuelves a imaginar…: «Pues cuando había tráfico habría cantado esa canción que me gusta, o habría puesto la radio, o habría escuchado ese podcast que estoy siguiendo, o habría escrito a mi pareja con una buena idea para hacer el fin de semana, o habría pensado en cómo hacer feliz a mi hija cuando vuelva a casa, etc.» Y después lo repites como viviéndolo de nuevo, como si volvieras a estar en el atasco, pero incorporándolo desde esta nueva visión reparadora. Esta es una forma muy simple de ir reaprendiendo a manejar diversas situaciones estresantes, para que, otra vez que ocurran, tengamos nuevos recursos para afrontarlas de otra manera.

Una parte de la PNL viene de las neurociencias, y el cerebro no sabe si estás en un atasco o te lo estás imaginando, para el cerebro lo estás viviendo. Esto es como los sueños; si tú tienes un sueño de miedo, sientes miedo; para el cerebro eso es real, aunque sea una fantasía. Por lo tanto, juguemos con esa fantasía. Con esto haces que tu cerebro se entrene a estar en felicidad en otra circunstancia como esta, o parecida. Y ahí lo que vas haciendo es reaprender contigo mismo, reaprender, reaprender y reaprender. Y al cabo de

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un tiempo, tienes unos frutos estupendos, mientras que, si no haces nada, otra vez que estés en un atasco te vas a poner nervioso de nuevo.

¿La búsqueda de la felicidad es uno de los objetivos principales con los que vienen tus pacientes?

Nunca les llamo pacientes, sino clientes. Eso viene de Carl Rogers, él ya le cambió la etiqueta. Los clientes son personas adultas que compran tus servicios. A ver, la pregunta es: ¿Qué tipo de cosas traen?

Sí, y si la felicidad está entre ese tipo de cosas que traen.

No, pero obviamente es un resultado del trabajo. A medida que van trabajando sus cosas, es más fácil que estén mucho mejor consigo mismos.

Por ejemplo, hoy he hecho una sesión con un cliente y, curiosamente, durante todas las sesiones había un tema que lo tenía muy bloqueado, pero en estas semanas se le está empezando a desbloquear. ¿Qué quiero decir con esto?, que los diversos aspectos que trabajamos se van desplazando, todo se va moviendo.

Entonces, evidentemente, la persona estaba feliz. Y más

haciéndole ver cómo avanzaba hacia sus objetivos y en la dirección por la que vino. Y ese mismo avanzar ya es un motivo de felicidad. Que las cosas se muevan. En PNL decimos que vale más la dirección que la velocidad, es decir, vale más que te muevas en la dirección que quieres ir, que no a la velocidad que consideres que tienes que ir, o que los demás te exijan que vayas.

Si el cliente se mueve, vamos bien, vamos bien. No importa la velocidad, vamos bien. Y es importante hacerle darse cuenta

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de que se está moviendo. Hay personas que pegan un gran salto y personas que dan un pasito, no importa, no hay que aspirar al gran salto, ni al pasito, pero sí a que la persona se mueva.

Entonces, ¿los clientes no acostumbran a venir con un objetivo tan genérico como desear ser felices?

No, además no podemos acompañar a una persona en el proceso de ser feliz en general, hay que ubicar a las personas en las diversas áreas significativas de su vida, y trabajar desde ahí. Parte del autotrabajo sobre la felicidad es que las personas se den cuenta de lo que sí tienen.

Yo tengo una herramienta que he denominado ‘Ecología de Vida’. Es de autoaplicación, y también la enseñamos en el máster de Coaching con PNL, para que los futuros coaches puedan utilizarla con sus clientes. Es de libre distribución, y gratuita. Consiste en una relación de las áreas más significativas de las personas, con sus valores deseados, para que puedan obtener una «foto» lo más precisa posible ―dentro de la subjetividad del mapa de cada uno―, para tomar consciencia del momento presente, y desde aquí poder rediseñar la propia vida, en aras de vivir una vida más plena y feliz. La ‘Ecología de Vida’ implica poner atención en una serie de áreas: la gestión del dinero, la pareja, los amigos, el trabajo, etc. Y lo que hacemos es ir viendo qué áreas están bien, qué áreas hay que trabajar, y qué áreas están medio-medio. También hay una línea que son los valores. Entre ellos la felicidad, también el bienestar, o la plenitud, etc., cada persona pone los valores más importantes para ella. El mar es el mismo, pero toma diversos nombres según la playa que uno visita. Tenemos la Costa Brava, la Costa Dorada, la Costa del Sol, pero el mar es el mismo. Es decir, quizás los valores tengan diversos nombres y significados para cada persona,

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pero son sustancialmente lo más importante que nos orienta en la vida.

Con este instrumento queda muy claro lo que a las personas sí les funciona, y lo que no. Es importante que se den cuenta de lo que sí les va bien, de lo que fluye. Según qué tipo de terapias, tienden a ver solo lo que no va, y para mí eso es un sesgo. Recuerdo una vez que hacía una terapia de pareja, y les pregunté: «¿Bueno cómo ha ido la semana?», me dijeron: «La semana, ¡uy!, el martes tuvimos una bronca que un poco más nos separamos, ¡una bronca el martes!», «Vale, vale, el martes», «Sí, por la noche», «¿Y el resto de la semana?», a lo que respondieron: «Ah, el resto de la semana fue muy bien». Claro, ¡hay que mirar el conjunto!

Muchas sesiones de coaching con PNL, e incluso las formaciones, las empiezo con esto, dónde hay las áreas OK y dónde las áreas a potenciar. Todos tenemos áreasque funcionan, áreas que no funcionan, y las de en medio. Es importante saber qué áreas están bien, y qué áreas hay que potenciar, donde hay que poner la energía. Algunas solo para conservar. Porque si tienes una planta y está bonita, por ejemplo, está bien, pero alguna vez le pondrás abono, un poco de agua, ¿no? O le quitarás una hoja seca. Por lo tanto, aunque tengas una relación que funciona, ¡cuídala! En cambio, hay áreas que requerirán más energía, más trabajo personal, y aquí es donde tiene sentido el coaching, la PNL, la Gestalt y en general cualquier metodología de facilitación del cambio.

También sugiero que esta herramienta se use de vez en cuando, cada tres meses, por ejemplo, o como mínimo una vez año, para saber siempre cómo están nuestros temas, y poder poner atención a lo que sí funciona, y a las áreas que hemos de poner más atención, en aras de conseguir una buena felicidad en el día a día.

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¿Es necesario que haya un terapeuta o un coach que te acompañe, para poder desarrollarte personalmente y ser

más feliz?

Yo te digo cómo lo veo y lo que le digo a los alumnos, si ves que vas desarrollando un tema, cambiándolo, y que avanzas, repito: no importa a qué velocidad, no pares, sigue, sigue. Ahora, si estás encallado, un día o dos, o una breve temporada, no pasa nada. Pero si estás encallado y encallado durante tiempo y tiempo, busca ayuda, llama a la puerta de un buen profesional que pueda acompañarte en tus cambios. Invierte en alguien que te acompañe y que te haga cuestionar tu propio mapa del mundo, que te invite a salir de tu zona de confort, pues a veces nos anclamos en zonas de confort muy poco confortables, por aquello de que «vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer». A esto se le llama resignación. Honoré de Balzac decía que la resignación es un suicidio cotidiano.

Por ejemplo, si hoy haces una ‘Ecología de Vida’ y es la gestión del dinero el tema que está ahí como ¡socorro!, y dentro de tres meses tienes un problema con tu hijo, y dentro de tres meses tienes un problema con la casa… ¡vamos bien! Lo importante es cambiar de problemas ―como decía un querido amigo mío―. Siempre tendremos cositas, pero si cambian, vamos bien, ¿no os parece?

Ahora bien, si hoy el problema es la economía, a los tres meses sigue siendo el mismo, y a los seis meses sigue siendo todo igual con el dinero, ¡cuidado, que algo no va! Ahí sí hay que bajarse del ego y decir: yo solo no puedo, necesito que alguien me eche una mano. Ahora, si va cambiando, hazlo tú solo, pero no te engañes: o el tema avanza, o está quieto, o peor aún, en retroceso. Seamos sinceros con nosotros mismos y veamos qué es lo que más nos conviene.

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Tenemos unas creencias o unos hábitos, a menudo inconscientes, y a veces necesitamos que venga alguien de fuera, que tenga un mapa del mundo distinto del nuestro, y que nos pueda confrontar ―confrontar significa poner enfrente―, que nos haga ver qué ocurre, y que, además, nos facilite hacer algún trabajo que nos desatasque. Si nos facilita un cambio de creencias, una ampliación del mapa, una nueva mirada, un insight de lo que sea, vale la pena, eso será un gran regalo para nuestro bienestar, para nosotros, y para nuestras personas significativas que nos rodean.

Vicens, para terminar, ¿recomiendas algún libro o recurso tuyo sobre coaching con PNL?

Sí, mi libro PNL & COACHING. Una visión integradora. Este libro salió de grabar y transcribir a las personas que venían a impartir formación en el Máster en Coaching con PNL, así como mis propias aportaciones.

¿Y algún libro de crecimiento personal, de desarrollo, que te haya marcado?

Mira, os voy a recomendar el que estoy leyendo ahora: La transparencia de las cosas, de Rupert Spira. Este autor también insiste en que no son las cosas las que te hacen feliz, sino la felicidad que tú le puedes poner a las cosas, y que ya está dentro de ti. Como decía ya el filósofo estoico Epícteto: «No son las cosas que nos pasan las que nos hacen sufrir, sino lo que nosotros nos decimos sobre esas cosas».

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